Los albores del otoño van acompañados de la preparación de los presupuestos, tanto en la actividad privada como en la pública, y tal como están las cosas, tanto unos como otros, van a tener que poner mucha creatividad para que las cuentas cuadren y sean creíbles.
La Ley General de Presupuestos del Estado es la herramienta mediante la cual se instrumenta la política económica que el Gobierno propone desarrollar para el próximo año. Se trata de proponer objetivos de interés general para familias y empresas, y evaluar de qué recursos financieros se dispondrán. Evidentemente esto no pueden ser dibujos en el aire, debemos partir de los datos disponibles y estos nos dicen que los ingresos del Estado han caído un 26% y que los gastos han aumentado un 23%, es decir, se ha generado un déficit publico 5 veces mayor que el que había en 2008, hemos pasado de 10 mil millones de euros a 51 mil millones.
Sin cuestionar las medidas adoptadas por el Gobierno que han generado el déficit, algunas de ellas realmente inocuas para paliar ,en lo posible, la crisis económica de caballo en la que estamos inmersos, lo cierto es que la crisis continúa, y continuará y tenemos una deuda cinco veces mayor. Ante esta situación solo hay tres caminos, reducir gasto corriente o aumentar ingresos vía más impuestos o las dos cosas a la vez.
Es evidente que uno de los grandes logros de la Europa de la posguerra, y que nos diferencia culturalmente de las teorías ultraliberales del continente americano, es haber desarrollado el concepto del Estado del Bienestar. Ahora deberíamos plantearnos cuanto bienestar somos capaces de financiar sin endeudarnos, de lo contrario generaciones futuras deberán pagar el bienestar actual.
Sanidad, educación, infraestructuras, justicia, seguridad, prestaciones sociales son herramientas que debemos preservar, y los impuestos deben garantizar su financiación, pero las ineficiencias en la gestión pública, la colisión competencial entre los diferentes niveles de la administración, el solapamiento de funcionarios para las mismas funciones, y algunos subsidios perniciosos, deben ser severamente revisados antes de ir por el fácil camino de aumentar impuestos sin mas.
9.9.2009