La Navidad, sin duda, es el periodo del año en el que más se consume y ello afecta a un sector importante de nuestra economía; el comercio, el cual genera una facturación global en torno a los 650 mil millones de euros, 190 mil de ellos, pertenecen al comercio minorista, el cual, a su vez, emplea a unos 2 millones de personas, el 10% del total de ocupados. El hecho que este atomizado, y no genere tanta repercusión mediática como las empresas del sector industrial, no implica que deba subestimarse su contribución al PIB.
El consumo lo podemos considerar como una actividad circular: las personas producimos bienes y servicios para poder consumirlos y, a su vez, el consumo genera nuevas necesidades de producción. No obstante si, como es el caso, el desempleo aumenta, el circulo se invierte ya que desciende el consumo, provocando un descenso de la producción y posiblemente mas desempleo.
Ha habido llamamientos para que, a pesar de la crisis económica, no se frene la actividad consumista, loable intención, pero la realidad es más dura. Las variables que tienen en cuenta las personas, a efectos de consumo, suelen ser: la situación y perspectivas laborales y familiares, el estado financiero global y las expectativas de mejorar o empeorar en el próximo futuro. Si bien es cierto que estas variables no afectan a todas las familias por igual, no lo es menos que, en todos los casos, las respuestas son negativas y, en consecuencia, el consumo recuperara la racionalidad que había perdido.
Se consumirá menos, pero se hará con criterio, y ello implica que los productores deberán resituar la relación calidad precio con mayor rigor si quieren seguir vendiendo, ya que el usuario no estará dispuesto a comprar cualquier cosa a cualquier precio sin pensar, como hasta ahora. Las familias, en general, disminuirán sus deudas, ahorraran más, reducirán el consumo irracional y serán más exigentes en la calidad de los servicios y en sus precios finales. Todo ello obligará a empresas y comercios a ser más productivos, a trabajar mejor, a ser más competitivos, y más eficientes en sus estructuras de costes. Una crisis suele ser una oportunidad de mejorar, no la desperdiciemos.
4.01.2009