Las Cajas de Ahorros son un pilar fundamental de nuestro sistema financiero, como saben, son entidades de crédito, constituidas bajo la formula jurídica de fundaciones de naturaleza privada, con finalidad social y actuación bajo criterios de puro mercado, aunque revirtiendo un importante porcentaje de los beneficios obtenidos a la sociedad mediante su obra social. Por ello no deben retribuir a ningún accionista ya que carecen de ellos.
En un mundo global, la internacionalización, el tamaño del sistema financiero, la consistencia de sus activos, la calidad de sus pasivos y la solidez en el control de riesgos, son ingredientes imprescindibles para garantizar un buen funcionamiento de la economía productiva, su desarrollo y sostenibilidad depende, en gran medida, del apalancamiento financiero que le puedan proveer las entidades de crédito. Sin estas premisas no volveremos a la senda de crecimiento del PIB, el empleo y la demanda interna en mucho tiempo. Así que nos conviene un sistema financiero saneado y reestructurado.
La crisis actual ha acelerado un proceso de fusiones, con objeto de dotar de mejor solvencia y capacidad de proyección internacional a nuestras entidades de crédito, por ello celebramos la enérgica actuación del Banco de España y la diligencia con la que están actuando los dirigentes del sector para concretar integraciones, convertir este reto en una oportunidad de mejora es la mejor noticia para el devenir de la economía española.
La agencia de calificación de riesgos Moodys que tan alegremente calificaba como buenos los títulos hipotecarios de nuestro mercado, se pone ahora alarmista indicando que los créditos basura pueden alcanzar los 108 mil millones de euros, pero, ni eran tan buenos antes, ni son tanta basura ahora, ya que los inmovilizados, aunque depreciados, siguen existiendo y si actuamos con sensatez se acabarán vendiendo y no deben devengar estas perdidas.
La alarma social en esta materia no es un buen camino. La fiesta financiera no volverá y todos hemos participado. Ahora se impone el rigor monetario, entidades solventes, riegos controlados y transmitir confianza al mercado. La línea emprendida ,aunque tarde, es la correcta.
14.10.2009