Con esta expresión señalamos a aquellas personas que tienen una empresa, que invierten su dinero en financiar proyectos, que se apasionan por generar prestigio a su marca y a la sociedad donde se desarrollan. Este concepto nace en el siglo XIX, con la revolución industrial, se identificaba al empresario como el propietario del capital. En el siglo XXI las cosas son mucho más complejas, la globalización de los mercados, las bolsas, las nuevas tecnologías, la sofisticación en la forma de producir, distribuir y consumir nos exige a todos reformular la actividad económica con otra amplitud de miras.
Reiteradamente las Asociaciones Empresariales se plantean la necesidad de abordar reformas estructurales que faciliten el crecimiento económico, empresas más productivas y más competitivas, pero, inevitablemente, parece que todo queda reducido a solicitar el despido libre que, obviamente, planteado en un ciclo económico recesivo provoca airadas reacciones. Dialécticas del tipo despido libre o empleo en propiedad, contratos precarios o contratos estables, beneficios ilimitados y salarios regulados, bajas cotizaciones sociales con altas prestaciones, reducción de impuestos y Estado del bienestar, son dicotomías que poco o nada facilitarán el necesario camino de formular reformas estructurales.
Un país moderno, desarrollado, y que pretenda ser un referente mundial, necesita generar riqueza y propiciar bienestar a sus ciudadanos y, para ello, debe fomentarse el espíritu empresarial, la generación de empresas, esto solo es posible en un sistema económico basado en la solvencia económica y moral, en la confianza y en contratos estables. Los beneficios empresariales son importantes pero que los trabajadores tengan capacidad para consumir es imprescindible para la sostenibilidad del sistema.
Ahora es urgente abordar reformas estructurales, hay que revisar todo el sistema de prestaciones sociales y su financiación, el sistema impositivo, las modalidades de contratación, la productividad de la función pública, la cobertura en sanidad, el tratamiento de los beneficios empresariales. Un comite independiente trabajando en esta dirección podría ser un buen comienzo.
16.2.2009