Cambios

Parece que estamos empeñados en no dar respiro a la generación de expectativas positivas que nos motiven a salir de la crisis económica más grave de la historia.

Cuando aún no nos hemos repuesto del caso Gurtel, entramos en el caso Millet, pero por si no fuera suficiente, estalla la trama Pretoria, con espectacularidad mediática incluida, que remueve los cimientos del urbanismo catalán.

Sin duda, no son noticias estimulantes y provocan reacciones en  la opinión pública de enorme enfado que se traducen, en petición de venganza, más que de justicia, además de expresiones; todo esta podrido, los partidos y las instituciones son pozos de corrupción, hay que producir un cambio radical o nos hundiremos en la miseria.

Lo que nos distingue de la edad media, o de las repúblicas bananeras, es que se supone que somos personas civilizadas, orgullosas de haber construido un estado democrático y de derecho. Por ello debemos respetar, con convicción, que todo el mundo es inocente hasta que no se prueba lo contrario, los indicios no son suficientes, ciertamente la justicia debería actuar con más celeridad, para juzgar y emitir las sentencias, evitando esta percepción popular de que los sinvergüenzas no tienen castigo.

Los partidos y las instituciones son necesarios, mucho más de lo que nos imaginamos, y están llenos de personas abnegadas y con vocación de servicio público, que garantizan la prestación de los servicios comunitarios que necesitamos, y no les podemos confundir ni insultar comparándolos con saqueadores del Palau, con empresarios torticeros o con personas que nunca debieron haber llegado a ser concejales.

Son los Gobiernos los que hasta ahora están domando  la crisis, que, por cierto, la ha generado la economía privada y la voracidad financiera internacional, sin su intervención el crack del 29 nos parecería una broma . 

Ante las turbulencias, serenidad, es evidente que hay que tomar medidas y cambiar cosas, pero no por estas razones ni a lo loco. Para empezar cambiar a las personas deshonestas que incumplen las normas que ya existen. Leerse los informes de la Sindicatura de Cuentas, cambiar de política económica y afrontar de verdad el problema del desempleo.

4.11.2009

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