Bienestar

Como dice mi buen amigo Eduardo Punset, y además lo razona extraordinariamente bien en su libro “Viaje a la Felicidad”, la felicidad puede definirse como la ausencia de miedo. Este sencillo concepto aplicable a las personas y también a las sociedades ha sido el motor en el que se ha sustentado el Estado del Bienestar, de modo que garantizando la educación, se pretende fomentar la igualdad de oportunidades, universalizando la sanidad, evitamos la discriminación y con el sistema de pensiones protegemos a los que salen del mercado de trabajo.

Este modelo implica la aceptación de determinados valores como, primar lo colectivo más que lo individual, un sistema fiscal progresivo, paga más quien más tiene, ser solidarios intergeneracionales, ya que los cotizantes de hoy son los pensionistas del futuro y aceptar que redistribuir la riqueza es la base para un desarrollo económico sostenido.

La base del sistema es productividad y crecimiento del PIB que permita recaudar un volumen importante de ingresos, para hacer frente a los costes crecientes que devengan los compromisos del Estado del Bienestar. Los países nórdicos ingresan el 60% del PIB, España el 40%, en cambio ellos generan superávit, nosotros déficit, y su actividad económica esta mucho más desarrollada.

El hundimiento de un sector básico de la economía española como el inmobiliario, coincidiendo con la crisis económica más feroz de los últimos setenta años, debería estimularnos a repensar sobre el futuro del Estado de Bienestar que queremos, el que podemos tener y como lo vamos a financiar, ya que, de lo contrario, con un prolongado estancamiento del PIB, menores ingresos por recaudación, deuda pública elevada y restricciones en el sector financiero, podemos llegar a colapsar el pago de las prestaciones públicas comprometidas.

La universalización indiscriminada de prestaciones puede llegar a ser injusta y deberíamos poner filtros, así como ser muy duro con los ciudadanos incívicos que defraudan al sistema, abusan de las prestaciones y no tienen ningún respeto por el interés colectivo. Si de verdad queremos bienestar colectivo, para afrontar el futuro sin miedo, todos debemos remar en esta dirección.

26.4.2010  

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