Coherencia

Ni en marzo del 2008 estábamos en la “Champions League” de la economía, ni ahora hemos iniciado la senda del fin del mundo, aunque en el camino se han dilapidado muchos recursos por no tomar las medidas que los datos que iban aflorando reclamaban. No es mi estilo ir de profeta, pero tengo interés en  analizar los datos económicos y laborales que facilitan los organismos públicos y proyectar las  tendencias a futuro con objeto de evaluar escenarios económicos a corto plazo.

En columnas precedentes editadas el 9 de julio 2008, 19 de enero y 19 de mayo del 2009, reflexionando sobre el desempleo, las pensiones, o las medidas que se formularon en el debate del Estado de la Nación, planteaba que era imprescindible abrir en canal las regulaciones que lastran el funcionamiento del mercado de trabajo, entonces “solo” había 2,2 millones de desempleados, ahora los hemos duplicado y subiendo. En materia de pensiones destacaba la insostenibilidad futura  del sistema debido a dos causas fundamentales, que hay y habrá menos cotizantes y la esperanza de vida de los jubilados es mucho mayor, la edad de jubilación no es lo más relevante, sino que no exista una correlación entre lo cotizado y lo que se va a percibir y cuanto tiempo.

Del debate del Estado de la Nación surgieron medidas tipo cheque regalo y diversas  subvenciones que ya sabíamos que eran pan para hoy y déficit para mañana.

Estas predicciones  no son un especial mérito mío, todos los técnicos acostumbrados a manejar esta información deducen similares resultados, los del Gobierno también. Entonces la cuestión es ¿por qué no se han abordado aún las medidas estructurales que la situación demanda?, básicamente por intentar solapar en el tiempo medidas duras con circunstancias políticas mas favorables.

Y, precisamente ahora, que desde la Presidencia de la UE íbamos a un encuentro planetario, toda la prensa económica internacional pone al descubierto nuestra cruda realidad, de modo que, a toda prisa, debemos abordar todas las reformas pendientes sino queremos perder nuestra credibilidad en el mundo desarrollado. Ser coherentes ante la adversidad es mas valorado por los ciudadanos que generar  medidas inconexas.

2.2.2010

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